Costa da Morte
La abrupta y escarpada línea costera que se abre paso al oeste de La Coruña y Santiago de Compostela se conoce como la Costa da Morte; debido a sus acantilados y rocas allí se han producido cientos de naufragios; además según las leyendas celtas, al igual que en el Finisterre bretón, hay ciudades enteras ocultas bajo el mar.
El paisaje es más áspero y más inclemente que en la Rías Baixas, hacia el sur, pero se trata de un lugar hermoso, con las laderas de las montañas cubiertas de bosques y algunos pueblecitos pesqueros acurrucados contra los pelados promontorios azotados por las olas del Atlántico. Para los peregrinos medievales éste era el fin del mundo; de hecho aún continúa siendo un lugar relativamente inaccesible y olvidado.
Si se dispone de vehículo propio puede recorrer la carretera de la costa desde A Coruña hasta Finisterre y rodear Muros y Noia. Por esta área abundan los dólmenes y castros (fuertes); no obstante necesitara un buen mapa para localizarlos. Si bien existen calas aisladas con bonitas playas de arena, casi nunca se encontrarán instalaciones hosteleras; aunque sean playas preciosas sólo los nadadores más tenaces deberían atreverse a nadar.
La franja costera que se extiende desde Camariñas hasta Finisterre es la más desprotegida y occidental. La violencia de sus corrientes y las condiciones meteorológicas de la zona son extraordinarias, e incluso recoger los moluscos que se crían entre las rocas puede ser una actividad peligrosa.
El pintoresco pueblo de Camariñas se sitúa en torno a un bonito puerto donde están amarrados la flota pesquera y los yates de los visitantes de pontín; tiene edificios pintados de blanco con balcones acristalados. Se puede ir caminando hasta Cabo Vilán, a 5 km de distancia, donde el faro de una antigua mansión anuncia una orilla rocosa; si trepa por las rocas que hay al lado contemplará impresionantes vistas al mar. El viento azota con violencia el cabo, motivo por el que este lugar se ha escogido para instalar un parque eólico. Unas grandes hélices de alta tecnología aprovechan la fuerza del viento; una imagen espectacular que al anochecer, cuando parten las rachas de luz del faro, puede ser incluso fantasmal.
Desde Camariñas, en lo alto de un promontorio rocoso al otro lado de la ría, se halla el pequeño puerto de Muxía. No llama mucho la atención, pero desde lo alto de la iglesia románica de la montaña se contemplan hermosas vistas a cada lado del promontorio y un camino que desciende al Santuario de la virgen de la Barca, del siglo XVIII.
La carretera interior de Carballo a Finisterre está en excelentes condiciones. El pueblo de Finisterre todavía parece a punto de caerse de los límites del mundo, pero al margen de su significado simbólico, hay pocas razones para ir allí; no vera más que casas grises protegidas por las rocas al lado de un promontorio resguardado, pero tiene algunos hostales económicos. Los límites del promontorio se encuentran a unos 4 km a pie, junto a una ladera montañosa llena de brezales. Al salir del pueblo pare en Santa María das Areas, una iglesia pequeña pero pintoresca con elementos románicos y góticos, así como un altar hermosamente esculpido.
En el cabo hay un Faro que se levanta muy por encima de las olas; cuando, como ocurre a menudo, queda escondido entre la bruma y la sirena de la niebla retumba sobre el mar, el lugar cobra un aire de misterio. Si luce el sol, lo mejor es subir la carretera en zigzag que llega hasta la cima del monte do Facho, por encima del faro, para disfrutar de sus estupendas vistas.
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